Además en estos líderes efectivos identificaba un comportamiento de modo muy similar:
No empezaban preguntándose ¿qué quiero? sino ¿qué debe hacerse?
Después se preguntaban ¿qué puedo y debo hacer para marcar la diferencia?
Constantemente se preguntaban ¿cuáles son las misiones y las metas de esta organización? ¿qué constituye desempeño y resultados en esta organización?
Extremadamente tolerantes con la diversidad de sus gentes y no buscaban copias al carbón de sí mismos. Apenas se preguntaban si una determinaba persona les gustaba, pero eran intolerantes respecto de su desempeño, estándares y valores.
No temían la fuerza de sus asociados. Pensaban que el mayor logro y gloria consistía en atraer a su servicio personas mejores que ellos.
De una u otra manera todos se sometían a la "prueba del espejo" para comprobar si quien veían cada mañana era la persona respetable que querían ser. Se fortificaban contra la mayor tentación: hacer cosas populares en lugar de hacer las correctas.
No eran predicadores eran hacedores.
Delegaban muchas cosas menos aquélla que sólo ellos podían hacer con excelencia.