Tipos de carácter

De acuerdo a la escuela francesa iniciada por Heymans y continuada por Le Senne, el carácter parte de tres propiedades; emotividad, actividad y resonancia.

Así, el carácter de una persona puede ser: emotivo o no emotivo, activo o no activo y primario o secundario.

Emotivo o no emotivo

La emotividad es la conmoción que producen los acontecimientos de la vida diaria. Todos tienen la capacidad de conmoverse, pero se llamará emotivo a quien se conmueve mas fácilmente que la mayoría de las personas.

La emotividad se reconoce por la desproporción entre la importancia objetiva de un acontecimiento y el impacto subjetivo que causa. Son rasgos típicos del emotivo el humor variable, la excitabilidad, la inquietud, la impresionabilidad y la tendencia a exagerar.

Activo o no activo

La actividad no tiene nada que ver con el activismo o el movimiento continuo de las personas nerviosas o impulsivas. El activo tiene una necesidad espontánea de actuar, se siente empujado hacia la acción. Esta propiedad se reconoce observando a las personas de la manera como reaccionan ante un obstáculo. El no activo duda, retrocede, se desanima y con frecuencia abandona.  En cambio, para el activo el obstáculo se convierte en un refuerzo de la acción, se convierte en un reto.

Los rasgos típicos del activo son: se centra rápidamente en el trabajo, es decidido, perseverante y no aplaza las tareas.

Primario o secundario

La resonancia es la repercusión que las impresiones tienen sobre el ánimo de cada persona. Si las impresiones tienen efecto sobre la conducta en el momento de la gran emoción, la resonancia es primaria. En cambio, si las impresiones influyen en un momento posterior a la emoción, la resonancia es secundaria.

Los primarios, por ejemplo, suelen reaccionar de forma rápida y contundente ante las ofensas que reciben, pero pronto se olvidan de ello. Por el contrario, los secundarios tardan más en reaccionar, pero les cuesta mucho más tiempo olvidar el disgusto.

El primario vive el presente y le gusta el cambio, ello favorece a la capacidad de soltura, la rapidez de reacción y el entusiasmo. Actúa frecuentemente de forma dispersa y superficial. El secundario vive el pasado, está aferrado a sus recuerdos y principios y con frecuencia es prisionero de sus rutinas y prejuicios. Todo ello facilita la reflexión, el orden, la sistematización, la perseverancia y la coherencia mental.

Las distintas formas en que las tres propiedades pueden combinarse dan lugar a ocho tipos de carácter:

Emotivo no activo primario

E, Na, P

Nervioso

Emotivo no activo secundario

E, Na, S

Sentimental

Emotivo activo primario

E, A, P

Colérico

Emotivo activo secundario

E, A, S

Apasionado

No emotivo activo primario

Ne, A, P

Sanguíneo

No emotivo activo secundario

Ne, A, S

Flemático

No emotivo no activo primario

Ne, Na, P

Amorfo

No emotivo no activo secundario

Ne, Na, S

Apático

(Adaptado del curso “El profesor y la orientación personal de sus alumnos”, Instituto de Ciencias de la Educación. Universidad de Navarra, España)

Una clasificación como esta constituye una buena base para orientar la formación de los alumnos. Debe verse como un punto de referencia y una ayuda, más no como un fin en sí misma, ya que de lo contrario se corre el riesgo de etiquetar a los alumnos y perder la objetividad.

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