La evaluación colaborativa constituye un proceso en el que el estudiante y el docente se ponen de acuerdo para clarificar objetivos y criterios. En este caso, el estudiante no es necesariamente responsable de la evaluación, pero colabora en el proceso de determinar lo que debe ser evaluado y tal vez, por quién será evaluado.
Evaluador y a un evaluado trabajan juntos para llegar a una visión consensuada sobre el aprendizaje logrado por el estudiante y la tarea realizada. Es una verdadera colaboración en la medida en que ambas partes trabajan para alcanzar el objetivo compartido de proporcionar una evaluación consensuada del aprendizaje del estudiante. Esta colaboración implica que ambas partes negocien los detalles de la evaluación y discutan cualquier malentendido que exista.
Es conveniente destinar una o más clases al finalizar el desarrollo de una unidad, proyecto, curso, materia para analizar los resultados de la evaluación y reflexionar sobre la información proveniente de la autoevaluación.
La evaluación grupal es parte del trabajo cotidiano en el aula y también en la evaluación final. Los análisis colectivos sobre las actividades desarrolladas, los esfuerzos que se realizaron, los logros obtenidos y las dificultades que se perciben constituyen la tarea grupal. Es importante y formativo que los alumnos manifiesten el interés con que se realizaron las tareas, sus apreciaciones sobre el desarrollo, sobre el cumplimiento y la realización de las consignas.
Por ejemplo, se puede elaborar grupalmente una guía de evaluación con aquellos puntos que el grupo considera necesarios e importantes de tener en cuenta. Cada uno evalúa su aprendizaje en función de esa guía. Al mismo tiempo, el grupo evalúa a cada integrante. El docente evalúa a cada alumno.